Una instalación frigorífica se decide antes de comprarla
La mayoría de los problemas que atendemos en cámaras de pocos años no vienen de un equipo defectuoso: vienen de un dimensionado que nunca se hizo. Alguien eligió por catálogo, comparando precios de cámaras de medidas parecidas, sin que nadie calculara la carga térmica real del local ni preguntara cuántas veces se abre esa puerta al día.
El resultado se ve a los dos veranos. El equipo va justo, trabaja de forma continua para mantener la consigna, consume mucho más de lo previsto y en agosto no llega a temperatura. O al revés: está sobredimensionado, hace ciclos demasiado cortos, no deshumidifica bien y el producto se reseca. En ambos casos el equipo funciona correctamente. Lo que falla es la elección.
Por eso nuestro proceso empieza con una visita al emplazamiento y un cálculo, no con un catálogo. Medimos el hueco, vemos el acceso, comprobamos dónde puede ir el condensador y preguntamos por el producto, el volumen y el uso real. Con eso se determina la potencia frigorífica, el espesor de aislamiento, el tipo de puerta y el refrigerante. El presupuesto llega después, cerrado y por escrito.
Instalamos en Sevilla capital y en 22 municipios del área metropolitana, con proyectos que van desde una cámara de bar de pocos metros cúbicos hasta instalaciones de campaña para el sector hortofrutícola.