La puerta es por donde se escapa el frío que usted paga
En una cámara frigorífica bien construida, el panel aísla y no da problemas durante años. El elemento que se mueve decenas de veces al día, que recibe golpes de carretilla, que soporta condensación y que tiene piezas de desgaste es la puerta. Y sin embargo es lo último que se revisa.
Cuando una junta deja de sellar, la cámara no se para: sigue enfriando. Lo que ocurre es que entra aire caliente y húmedo de forma continua, el equipo trabaja sin descanso para mantener la consigna, el consumo eléctrico se dispara y aparece escarcha en el evaporador. El propietario ve un recibo más alto y una cámara que en verano va justa, y empieza a sospechar del compresor.
Es uno de los diagnósticos que más repetimos: el equipo estaba bien, la puerta no. Una junta y un ajuste de cierre resolvieron un problema que se estaba planteando como una sustitución de máquina.
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